Orvieto es una verdadera joya oculta. Disfrutamos mucho descubriendo la ciudad con Paolo; nos facilitó las cosas, siempre con una sonrisa y una actitud positiva, y nos brindó información interesante en cada parada. La sorpresa llegó al final: solo queríamos un café para terminar el día y, de repente, nos sirvieron vino, pan y queso (ese lugar también ofrece menús completos para la cena, y preparan los platos de una manera muy sabrosa, ¡así que no dudes en ir!). Fue tan inesperado para nosotros (estábamos hablando de a qué restaurante deberíamos ir después del recorrido) y teníamos bastante hambre, que disfrutamos plenamente del momento.
Uno de los puntos destacados del recorrido con Paolo es también la espléndida vista al descender. Las bicicletas eléctricas hacen que este recorrido sea fácil y accesible para todas las personas, incluso si no estás en excelente forma. Y también es divertido.
¡Muy recomendable!