Comida increíble: bifanas (sándwiches portugueses de cerdo con salsa piri piri y mostaza, los mejores que probé en la ciudad), pastel de nata (tartas de crema de huevo), productos horneados tradicionales portugueses, ginjinha (licor de cereza especiado con la fuerza del whisky pero suave), jamón ibérico, bacalao sobre una cama de puré de papas, tempura de cerdo con un relleno como plato, y definitivamente tuve que salir de ahí rodando al final. ¡Vengan con hambre, amigos! ¡Nuestra guía Laura era alegre, sabía mucho sobre la historia de la comida y era muy divertida! ¡Nos dio muchas buenas recomendaciones! Lo más destacado del viaje. ¡Ojalá tuviera un estómago más grande! ¡Me intrigó la idea de que algunos de los restaurantes/tiendas que preservan el patrimonio histórico son empresas protegidas por la propia ciudad, me alegra que la ciudad quiera mantener la rica cultura y los pequeños negocios!