Tuvimos la oportunidad de sentarnos junto a un sensei de kintsugi, quien nos explicó de forma magnífica el arte y la creatividad que hay detrás de esta fascinante práctica. El estudio, repleto de obras de arte e historia, ofreció un entorno impresionante para la experiencia. Todos tuvieron la oportunidad de trabajar en su propia obra, siguiendo cada paso guiados por el sensei, y llevarse a casa una creación única.
La ceremonia del té fue igualmente especial, con una detallada introducción a la historia de las tazas realizada por Showzi, acompañada de deliciosos mochis caseros. Fue la experiencia japonesa más auténtica de nuestro viaje, una tarde inolvidable. Aunque es un poco caro, vale la pena sin duda.