Nuestra experiencia con las alpacas fue nada menos que mágica, mucho más allá de cualquier cosa que podríamos haber imaginado. Pasamos una mañana serena y conmovedora en la granja de Diena, inmersos en la naturaleza y rodeados de los animales más amables.
Al principio, nuestros hijos estaban un poco tímidos, inseguros de cómo interactuar con las alpacas. Pero la presencia tranquila de Diena, la experiencia clara con los niños y la orientación suave marcaron la diferencia. Poco a poco, vimos a nuestros hijos salir de sus conchas: alimentando alpacas a mano (¡e incluso boca a boca!), acurrucando pollos y corriendo libremente con Odín, el majestuoso perro lobo que rápidamente se convirtió en su mejor amigo.
Fue una de esas experiencias raras que se las arregla para ser pacífica y profundamente alegre. Estar cerca de los animales, sentir el aire fresco y ver a nuestros hijos conectarse, así que naturalmente fue un regalo.
Nos fuimos sintiéndonos agradecidos, castigados y llenos de sonrisas. Este es el tipo de experiencia que recomendaríamos de todo corazón, sin dudarlo.